Desembarco bioético en el campo de la farmacia

Kottow farmacia

En la pasada clase de Salud Pública de la carrera de Química y Farmacia de la Universidad de Chile tuvimos la posibilidad de contar con la presencia del profesor Miguel Kottow Lang.

Quien fuera reconocido este año como maestro en bioética, compartió con los alumnos sus argumentos en la discusión bioética sobre tres áreas relacionadas con medicamentos y con el desempeño profesional de los futuros farmacéuticos. En una extensión que no se agota en las dos horas y cuarenta minutos de clase, ni en un semestre completo, Kottow hizo hincapié en lo que propuse como temas que serían importantes de discutir: la condición de venta de medicamentos, la I&D en la industria farmacéuticas y la investigación clínica.

Recordándonos que estamos frente a una profesión que aún no desarrolla un código profesional, el ejercicio de la reflexión ética que urge realizar no refiere a lo correcto e incorrecto de reglamentos y legislaciones actuales, sino a las consecuencias de las cotidianidades de nuestro ejercicio profesional y la evidencia sobre la cual avalamos el conocimiento científico de la utilidad de los fármacos. ¿Se justifican las barreras legislativas en una dispensación que genera “vagabundos” de farmacias?, ¿Cómo nos hacemos cargo de una innovación que durante décadas no produce novedades y que tiene a gran parte de la población mundial sin acceso a medicamentos esenciales? Y finalmente ¿Nos preocupamos de discutir sobre la investigación clínica cuyo doble estándar ético traslada y no superpone la clínico y la investigación, y donde los habitantes de los países subdesarrollados, y en vías de serlo, constituyen la población objetivo de las consecuencias de la investigación, no así de sus beneficios potenciales?

Lo que Kottow nos expone no son las grandes cosas que se reflexionan en los congresos, más bien corresponden a temas que surgen en la cotidianidad de un ejercicio profesional inmerso en una permanente tensión entre los aspectos sanitarios, políticos y económicos que traen consigo los medicamentos, tecnologías orientadoras de gran parte de la práctica médica.

Finalizamos con una pregunta que surge a partir de los avances que aportaría la genética clínica en el desarrollo de nuevos y mejores fármacos, aspecto interesante en el sentido terapéutico pero terrible desde el aspecto carencial de una artesanía que personaliza la capacidad de compra y somete a la población a los estudios genéticos. Nos quedará a partir de aquello la discusión pendiente sobre el sentido de investigar y financiar ese nivel de finura cuando existen aún problemas básicos pendientes y urgentes.

Escuchando la clase me pregunto sobre la posibilidad que el razonamiento ético sea parte de los aspectos a evaluar en actos formales, como por ejemplo el examen de farmacia que los alumnos rinden luego de su práctica obligatoria en farmacias. La respuesta de quien ha sido reconocido entre sus pares por sus aportes al desarrollo del pensamiento bioético es contundente: no es posible.

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